Siempre
hay un momento de silencio y paz, una pasión incondicional antes de
ponerme a tocar.
Me siento en el borde del crujiente banco, cierro los
ojos e inspiro sentimientos, sueños, recuerdos, ilusiones... Pongo los
dedos en las teclas, frías pero tan suaves...
Toda la energía contenida
en mi sale gradualmente y viaja hacia la punta de mis dedos. Adoro
escuchar el eco de cada nota rellenando el silencio de la habitación, mi
corazón se llena de alegría y de tristeza con el trascurso de las
canciones.
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